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El suicidio

Publicado: 13 de noviembre de 2014 en fe, Iglesia catolica, un poco de fe
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1248258815286_fEl suicidio es un tema tabú en nuestra sociedad latinoamericana.  Es de esas situaciones de las cuales no preocupa hablar, mientras no llegue a nuestra puerta.  Es mejor evitarlo, ignorarlo o esconderlo.  Sin embargo, evadir un tema difícil no lo soluciona.

Las cifras de la Organización Mundial para la Salud[1] (OMS) indicaban en el 2012 que casi un millón de personas se suicidan al año.  Eso equivale a más de 2700 suicidios al día, 114 cada hora.  Mientras usted tarda diez minutos leyendo esta publicación, aproximadamente 19 personas han interrumpido su vida en alguna parte del mundo. Las cifras también indican que en un 90% de los casos hay presencia de un trastorno mental de fondo.que-el-dolor-no-te-detenga--400x300

El suicidio no es para la persona un punto de partida, sino una consecuencia.  Nadie nace con la idea de quitarse la vida.  Suele existir diversidad de razones por las cuales alguien considera esta situación como un camino viable.  Repito: aunque haya una gota que derrame el vaso, son muchas las cosas que confluyen.  Partimos del hecho que llega a ser una opción cuando la persona se encuentra ante situaciones muy irregulares, que considera difícilmente manejables. Quien elige el suicidio no busca, en principio, interrumpir su vida sino poner fin al dolor. Para problemas extremos, “soluciones” extremas.  Pero es una lógica que no soluciona.  Una respuesta que no ayuda.Domino-PreventingTheChainReaction

En el lenguaje espiritual se afirma que la tentación se manifiesta también como “ángel de luz”, que engaña. Como en la imagen del Génesis, el mal se presenta como algo “bueno, deseable y seductor a la vista” (Gén.3,6)  El que se suicida ha sucumbido ante la tentación.  A diferencia de otros momentos, donde  es posible reparar la caída, levantarse y continuar caminando, el drama más violento es que acá no hay marcha atrás.trampa-mental-590x393

Ante la persona que logra quitarse la vida, surgen muchas interrogantes: ¿Se ha condenado? ¿Ha ido al infierno? ¿Es indigno de recibir el perdón de Dios? Hemos de recordar con humildad que estamos ante el misterio.  Aunque no tenemos respuesta que satisfaga el intelecto, podemos tomarnos de la mano de la fe.  La Iglesia nos dice en el Catecismo que “No se debe desesperar de la salvación eterna de aquellas personas que se han dado muerte. Dios puede haberles facilitado por caminos que Él solo conoce la ocasión de un arrepentimiento salvador”[2].

la-ayuda-viene-en-camino¿Qué quiere decir esto? Que estamos en manos de Dios.  Y si hablamos de un Dios que nos enseña a perdonar setenta veces siete, que sale al encuentro de la oveja que se ha alejado y que pide perdón por aquellos que lo están crucificando, hemos de confiar en su misericordia de manera especial en esta ocasión.  Por cierto, misericordia significa “dar perdón a quien no lo merece”. Tal vez a ojos de muchos el suicidio no tenga perdón, pero creo firmemente que no hay pecado humano que sea más grande que el amor de Dios.

1273986092426_fNo nos confundamos: el suicidio nunca es un bien.  Pero el que ha llegado a ese punto, está en manos de Dios.  Dios, nadie más que él, conoce el corazón humano. El amor, el perdón, la misericordia, no son argumentos para que se pierdan en las paredes de un templo, sino luz en medio de la tiniebla, el dolor y el sufrimiento.  Que sea Dios que nos acompañe e ilumine en medio de esos momentos, dando siempre esperanza y fortaleza.

[1] http://www.who.int/mental_health/prevention/suicide/suicideprevent/es/

[2] Catecismo de la Iglesia Católica No. 2283 cf.  http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s2c2a5_sp.html

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