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DIOS Y LA MODA

Publicado: 10 de julio de 2011 en un poco de fe
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Seamos sinceros. Miremos a nuestro alrededor y miremos lo que hay “de moda” a la par nuestro. ¿Un teléfono celular? ¿una computadora? ¿alguna marca de ropa? ¿algún billete de dólar? Aunque el más sencillo tal vez no tenga el modelo más reciente del iphone, todo a nuestro alrededor nos grita que debemos estar a la moda. Lo que ayer era un lujo, hoy lo vemos como necesidad. El celular es un ejemplo. Mi padre se negaba a comprar “uno de esos aparatos” porque no quería verse “esclavizado y controlado”. Aunque por temor se resiste a adquirir un modelo reciente, no le es posible desprenderse del aparatito.

Hay modas que llegan para quedarse. El celular y los jeans son un ejemplo. Otras desaparecen tan rápido como aparecieron. Pienso en el bíper. Y a todo esto ¿Dios qué? Sea de un modo o de otro, parece que este tema siempre ha estado de moda. Algunos lo defienden a capa y espada, le proclaman vivo y son capaces de inmolarse en su nombre. Otros proclaman su muerte y agradecen el momento en que lograron alejarse del omnipresente tirano controlador. Para bien o para mal, ahí está el tema. Siempre en boga.

Algunos juraron que el tema religioso desaparecería luego de la Ilustración y el triunfo de la razón y la ciencia. Había que superar la dependencia del dios que no era más que una imagen superpoderosa del mismo hombre. Se volteaba la sartén y ahora los inquisidores eran perseguidos. Pero no. El tema está de lo más vivo. Y tiene más fuerza de lo que se pensaba. La gente sigue creyendo. Pone su fe en distintas situaciones: el horóscopo, el tarot, la cienciología, la new age, etc. Y contagia lo que cree. Pero sigamos con Dios…

A “Dios” lo vemos en la televisión, lo escuchamos en la radio, lo reenviamos en los correos electrónicos, lo blogueamos, twiteamos y facebookeamos. Insisto, está de moda. Pero el hecho de que esté “tan presente” en ciertos contextos no quiere decir que la gente tenga mayor compromiso con una auténtica fe liberadora. Me explico: el nombre de Dios aparece en los billetes de la nación que más guerras ha dado en la historia reciente de la humanidad. Si Dios no “nos sirve” -digámoslo de algún modo- para que la humanidad sea mejor, o no es Dios, o es un Dios-fracaso. Los santos padres de los primeros siglos del cristianismo decían que “la gloria de Dios es que el hombre viva”. Pobre Dios sin gloria… pobre Dios poco “fashion”…

Pero no escribo para desanimar con la realidad. Al contrario. Es cuando hay oscuridad que se aprecia -y se agradece- la luz de una velita, por pequeña que sea. Hay gente que habla de Dios para ir a la guerra. Otros usan su nombre para imponer la propia voluntad. No nos toca defender a Dios. Creo que ya está grandecito para hacerlo solo. Nos toca ser coherentes con el Dios en el cual creemos, corresponder con acciones concretas lo que consideramos regalo suyo. Juan Pablo II pedía a los jóvenes “poner de moda la solidaridad”. Me atrevería a pedir que pongamos de moda la auténtica fe en Dios, el Dios que da paz a los afligidos, salud a los enfermos y esperanza a los desanimados.

Muero por adquirir lo más reciente de tal o cual marca. También debería “morir” para que otro humano no muriera. Hago lo imposible con tal de adquirir el último grito de la moda -aunque sea en su versión pirata-.  Podría hacer lo posible por consolar al anciano que ha sido abandonado por su familia. Una fe que dé estos frutos, se pone de moda sola. Un Dios que te anime a creer de esta manera, es un Dios que vale la pena poner de moda. Actualizar los asuntos de Dios no es solo meterlos en las computadoras,  sino emplear todo lo que esté a nuestro alcance para dar a la humanidad lo que le hemos quitado (léase paz, alimentos, esperanza, medicina, justicia…).

Pongamos de moda a Dios.

 

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