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A menudo he recibido varias “cadenas” a través del email. El esquema en ellas es básicamente el mismo:

1. Recibes la cadena que comparte la devoción a san Judas Tadeo, a la Virgen María, a los ángeles o santos, etc.

2. Pasos a seguir: reza tal oración, compra velas, saca determinado número de fotocopias…

3. Resultado: tendras bendiciones, conseguirás trabajo, alguien importante te llamará…

4. Consecuencia: si no lo haces la oportunidad se marchará, dejarás ir la bendición… en el peor de los casos se habla de pérdida de familiares o seres queridos…

5. Testimonios: se habla de alguien que lo hizo y obtuvo excelentes resultados. Y también se cuenta la historia de quienes no lo hicieron y las desgracias que vinieron después…

Estamos ante un proceso de manipulación. ¿Qué quiero decir? Estas cadenas son recetas para conseguir resultados y el camino de fe se abandona para entrar en la senda de la magia.

La magia pretende conseguir algo a través de fórmulas. La fórmula debe realizarse al pie de la letra para obtener el resultado deseado. Harry Potter agita la varita, dice en voz alta unas palabras y obtiene un encantamiento. La base de la magia es el rito prescrito y la seguridad de cumplir el deseo.

En el camino de la fe hay una clave particular: Dios. Él es inmanipulable. Eso quiere decir que no actúa de acuerdo a la voluntad de los hombres y mujeres. Dios es Padre, no un dispensador de milagros para cada momento de la vida. La relación con Dios se basa en la confianza. Nosotros como creyentes nos fiamos de Él.

Cuando yo realizo los pasos que una cadena de oración me prescribe, estoy intentando obligar a Dios que cumpla mi deseo. Ya no hay una relación de confianza, sino un proceso de comercialización: yo te doy, pero tú estás obligado a corresponder. Mi voluntad prima sobre la voluntad de Dios. Cuando la realidad nos demuestra que Dios no responde al tronar de nuestros dedos y no cumple lo que le pedimos, viene la frustración y el desencanto. Mal inicio, mal final.

Las cadenas de oración son recetarios para obtener milagros. Nada más alejado del que confía en Dios.

El que confía en Dios sabe que aunque las cosas no marchen bien, el Padre nunca nos desampara. El que no confía en Dios debe buscar únicamente por sus propios medios la salida a sus problemas.

El que confía en Dios tiene la certeza en su corazón de que la cruz no es el final del camino. El que no confía en Dios se deja malaconsejar de la desesperación y realiza un sinfín de trucos para conseguir lo que busca.

El que confía en Dios conoce a su Padre y sabe que el triunfo está asegurado, pero no al estilo de los hombres. El que no confía en Dios necesita el éxito, la prosperidad y la satisfacción a cualquier precio.

Las cadenas de oración tienen gran éxito debido a la manipulación que traen consigo: “No tienes nada que perder” “conseguirás lo deseado”, “inténtalo y te darás cuenta de lo grandioso que es”. A cambio, debemos cumplir las condiciones que nos indican. Caemos en esclavitud. Si no reenvío o no cumplo lo que me piden, experimento la culpa o el temor de que algo malo pueda pasar.

Pero no pasa nada. Ni para bien, ni para mal. Las cadenas tampoco pueden manipular a Dios.

Entonces, cuando reciba uno de esos correos, sentiré el mejor de los gustos al darle “borrar”. Y si mi compromiso con Dios y su proyecto es serio, puedo escribirle a quien me lo envió y compartirle un par de palabras diciéndole que confíe en Dios y no en cadenas.

Por cierto, ¿se imaginan por qué se llaman “cadenas”?ImageImageImage