SoledadCuando el suicidio toca la familia, parece que la muerte no se acaba con el funeral y el entierro del ser querido.  Todo, absolutamente todo, se ve impregnado de dolor, angustia y tristeza.  Por ser un momento tan fuerte en la existencia, por debilitarnos tanto, por disminuir abruptamente nuestras fuerzas físicas, mentales y espirituales, nos volvemos en blanco fácil de la tentación.

Una primera tentación es la culpa: ¿Por qué no hice nada? ¿Por qué no lo pude evitar? ¿Por qué no vi a tiempo esta amenaza? Hemos de aclarar que la culpa no viene de Dios: la culpabilidad es el martillo del mal espíritu, que hunde nuestra existencia.  Y lo que es peor, gasta tanto nuestra fuerza, que entorpece la vista para buscar una salida.  ¿Qué hago? Lo que hago ante cualquier tentación cuando aparece: huyo y pido a Dios fuerzas para salir de ahí.  Si quiero sustituir la culpabilidad, puedo emplear la responsabilidad: mis fuerzas serán empleadas para ayudar a otras personas.  Mi salvación la puedo encontrar sirviendo a otros. Hacer el bien ayuda a cicatrizar el corazón. Cabe aclarar que para llegar a este punto, antes he de permitirme ser ayudado. Nadie puede dar a otro lo que no ha recibido previamente.culpa_800x669

Otra tentación es sentir que mi vida también se ha perdido.  No soy digno de estar vivo si mi hijo se ha quitado la vida.  Mi rumbo se tuerce, el horizonte se nubla y la tormenta se ha instalado de manera definitiva.  Sin embargo, sin quererlo, estoy tomando el mismo camino de aquel que se ha suicidado.  La mejor forma de honrar a aquellos que hemos perdido es tener una vida digna.  Mi hogar, mi familia, los sobrevivientes del suicidio de un ser querido, necesitan luz, no tinieblas.  El poder de la muerte debe encontrar un “alto” desde la fe y la esperanza.  No es posible que el dolor sea más grande que el amor, no podemos permitir que la tristeza venza las ganas de vivir.  Retomar el camino de la vida, cicatrizando poco a poco las heridas, es el mejor homenaje que podemos dar a Dios y a los que amamos.

Enojado 2Una tercera tentación es echar por la borda mis creencias y pelearme -oficialmente o no- con Dios.  ¿Qué sentido tiene todo esto si no pudo evitar una tragedia como la que he vivido? Sin embargo esta lógica es engañosa.  La fe no sirve para evitar las tormentas, sino para tener paraguas en medio de ellas.  Dios no evita el sufrimiento, la lógica de la cruz no es la anestesia que quita el dolor. La cruz significa la solidaridad de Dios mismo, que vive con nosotros las dificultades y la amargura y promete el consuelo en esta vida y la plenitud al final.  A veces es natural reclamar a Dios: es la oración que nace de un corazón dolido y golpeado.  Puedo suponer que la respuesta sería algo como: “Ten paciencia, la marea tarde o temprano va a volver a retomar su curso. Intenta confiar en mí”.Ateismo

Repito: es natural que en algún momento brote el enojo con Dios.  El corazón puede dejarse guiar por el resentimiento, la ira y la desesperación.  Hay que tener cuidado de no caer en rigorismos morales y con ello abrirle paso nuevamente a la culpa, que solo carcome la conciencia y no permite cicatrizar adecuadamente. ¿Qué hacer? Pensar que no hay terremoto eterno.  Tener como convicción que luego de la tormenta vuelve la calma.  Dios va a estar siempre ahí, esperando.  Sin talonario de facturas pendientes.  Sin ánimos de cobrarnos los errores que hemos cometido.  Al contrario, con los brazos siempre abiertos y dispuesto a recibirnos nuevamente en casa.aceptar-y-no-negar-la-realidad

Una tentación más sería alejarme de toda realidad, desconectarme del entorno, fingir que nunca ha sucedido, e incluso, evitar cualquier situación que suponga abordar el tema.   Es un mecanismo de defensa que se llama “negación”.  Recordemos: cuando éramos niños y nos caímos al aprender a usar la bicicleta, juramos no volver a montarla.  Cuando alguien se acercó a limpiar la herida sangrante, lloramos y queríamos evitarlo.  Pero cuando no se limpia y ventila una herida, simplemente llega la infección y duplica los problemas.  En el duelo sucede lo mismo.  Dar la espalda a la situación, intentar alejarnos de la realidad nunca lo solucionará. Al principio prolongará la dificultad, pero luego lo reprimido retornará de manera perjudicial.  ¿La solución? Hablarlo, compartirlo, ventilarlo.  Esforzarse por no perder la paz en el corazón.  Aunque duela, una herida tratada cicatriza más rápidamente.Hope-vs-Faith

Cuando nos enfrentamos a la muerte, hay que protegernos con las armaduras que nos da el Dios de la vida.  Acercarse a Él, alimentarnos con su Palabra de manera continua, buscar grupos de apoyo, sujetarse de la comunidad creyente… hay muchas alternativas para salir adelante…  No podemos darnos el lujo de morir con nuestros seres queridos.  La esperanza nos dice que vendrá un día en que volveremos a vernos y compartiremos con alegría.  Mientras ese tiempo llega, sigamos defendiendo la vida: la nuestra y la de nuestra familia.  Aunque nos enfrentemos a la dureza de la muerte, seamos siempre bendición y luz. Dignos hijos del Padre que está en los cielos.1273986092426_f

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El suicidio

Publicado: 13 de noviembre de 2014 en fe, Iglesia catolica, un poco de fe
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1248258815286_fEl suicidio es un tema tabú en nuestra sociedad latinoamericana.  Es de esas situaciones de las cuales no preocupa hablar, mientras no llegue a nuestra puerta.  Es mejor evitarlo, ignorarlo o esconderlo.  Sin embargo, evadir un tema difícil no lo soluciona.

Las cifras de la Organización Mundial para la Salud[1] (OMS) indicaban en el 2012 que casi un millón de personas se suicidan al año.  Eso equivale a más de 2700 suicidios al día, 114 cada hora.  Mientras usted tarda diez minutos leyendo esta publicación, aproximadamente 19 personas han interrumpido su vida en alguna parte del mundo. Las cifras también indican que en un 90% de los casos hay presencia de un trastorno mental de fondo.que-el-dolor-no-te-detenga--400x300

El suicidio no es para la persona un punto de partida, sino una consecuencia.  Nadie nace con la idea de quitarse la vida.  Suele existir diversidad de razones por las cuales alguien considera esta situación como un camino viable.  Repito: aunque haya una gota que derrame el vaso, son muchas las cosas que confluyen.  Partimos del hecho que llega a ser una opción cuando la persona se encuentra ante situaciones muy irregulares, que considera difícilmente manejables. Quien elige el suicidio no busca, en principio, interrumpir su vida sino poner fin al dolor. Para problemas extremos, “soluciones” extremas.  Pero es una lógica que no soluciona.  Una respuesta que no ayuda.Domino-PreventingTheChainReaction

En el lenguaje espiritual se afirma que la tentación se manifiesta también como “ángel de luz”, que engaña. Como en la imagen del Génesis, el mal se presenta como algo “bueno, deseable y seductor a la vista” (Gén.3,6)  El que se suicida ha sucumbido ante la tentación.  A diferencia de otros momentos, donde  es posible reparar la caída, levantarse y continuar caminando, el drama más violento es que acá no hay marcha atrás.trampa-mental-590x393

Ante la persona que logra quitarse la vida, surgen muchas interrogantes: ¿Se ha condenado? ¿Ha ido al infierno? ¿Es indigno de recibir el perdón de Dios? Hemos de recordar con humildad que estamos ante el misterio.  Aunque no tenemos respuesta que satisfaga el intelecto, podemos tomarnos de la mano de la fe.  La Iglesia nos dice en el Catecismo que “No se debe desesperar de la salvación eterna de aquellas personas que se han dado muerte. Dios puede haberles facilitado por caminos que Él solo conoce la ocasión de un arrepentimiento salvador”[2].

la-ayuda-viene-en-camino¿Qué quiere decir esto? Que estamos en manos de Dios.  Y si hablamos de un Dios que nos enseña a perdonar setenta veces siete, que sale al encuentro de la oveja que se ha alejado y que pide perdón por aquellos que lo están crucificando, hemos de confiar en su misericordia de manera especial en esta ocasión.  Por cierto, misericordia significa “dar perdón a quien no lo merece”. Tal vez a ojos de muchos el suicidio no tenga perdón, pero creo firmemente que no hay pecado humano que sea más grande que el amor de Dios.

1273986092426_fNo nos confundamos: el suicidio nunca es un bien.  Pero el que ha llegado a ese punto, está en manos de Dios.  Dios, nadie más que él, conoce el corazón humano. El amor, el perdón, la misericordia, no son argumentos para que se pierdan en las paredes de un templo, sino luz en medio de la tiniebla, el dolor y el sufrimiento.  Que sea Dios que nos acompañe e ilumine en medio de esos momentos, dando siempre esperanza y fortaleza.

[1] http://www.who.int/mental_health/prevention/suicide/suicideprevent/es/

[2] Catecismo de la Iglesia Católica No. 2283 cf.  http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s2c2a5_sp.html

Mi hijo es homosexual y no sé qué hacer.  El mundo ha girado violentamente a mi alrededor y no encuentro de dónde sujetarme.  Experimento impotencia, enojo, tristeza, confusión y temor.  Sigo amando a mi hijo, pero creo que no puedo sostener lo que siento sobre mis hombros. ¿Qué hago?

Vamos por partes.

  1. Todo intento por buscar culpables es estéril. Nadie “decide” su orientación. No es cuestión de “buenos” y “malos”.
  2. Infórmate: desde hace muchos años se ha dejado de considerar a la homosexualidad como enfermedad.
  3. El centro de la situación es tu hijo. No son tus dificultades las que deben ir antes que las suyas. La sociedad puede esperar, el “qué dirán” no puede estar por encima del amor que sientes por tu hijo.
  4. Si ha logrado compartir contigo su orientación homosexual es porque confía en ti y está en tus manos ayudarle a sostenerse o permitir que se hunda. La familia es apoyo emocional, afectivo y psicológico.  En un momento como este, lo necesita más que nunca.
  5. Tu hijo no necesita quien lo señale, quien lo condene, quien lo juzgue. Necesita alguien en quien confiar, a quien abrir su corazón.  Si tú no lo haces en casa lo buscará fuera, corriendo el riesgo de caer en manos equivocadas.
  6. Enojarte, castigarle y negar la situación no soluciona nada. Escucharle y esforzarte por comprenderle es un excelente primer paso. Habla, comparte, manifiesta lo que sientes.  La comunicación es vital.
  7. Aunque muchas cosas te duelan y choquen con todo lo que has aprendido, deberás ahora hacer síntesis y caminar una senda hasta hoy desconocida. La paciencia y la humildad te ayudarán. Por el contrario, el orgullo y la soberbia solamente te estropearán.
  8. La discriminación es el arma más silenciosa y letal contra tu hijo.  Sentirse de segunda categoría, imaginarse anormal o experimentarse señalado injustamente por los demás solamente logrará golpear su autoestima.
  9. El rechazo es el asesinato social. La homofobia, en cualquiera de sus manifestaciones, debe ser combatida.
  10. El amor es la mejor forma de apoyar a tu hijo. Recuerda siempre que Dios es amor. Él te ha creado a ti y a tu hijo. Aunque en este momento no tengas todas las respuestas que quisieras, permanecemos en sus manos.  Toca confiar y seguir adelante.

La homosexualidad, como orientación sexual, debe encausarse.  Hay dos extremos, que son peligrosos.  El primero de ellos es la represión.  Ahogar el tema, silenciarlo, acallarlo, para guardar las apariencias, únicamente logrará el efecto explosión en poco o largo tiempo. Por otro lado, también existe el riesgo de caer en el cinismo y volver el tema de la homosexualidad el centro de la vida, el eje vertebrador de la propia existencia.  El reprimido vive infeliz y contagia su infelicidad.  El cínico restriega a los demás su orientación y la saca de quicio. ¿Cuál es el  justo medio? La persona que sabe aceptarse y reconocerse como tal, con paz. Aquella persona que no hace de su sexualidad un ídolo.  Este justo medio, de manera interesante, es el mismo para la persona con orientación heterosexual.  Como padre, conviene ayudar a caminar a tu hijo por el mejor de los caminos.  Una vez más necesita de ti y lo que hagas será vital para ayudarle.  El camino de la comprensión y la comunicación es la mejor alternativa.

El Pecado

Publicado: 8 de octubre de 2014 en Uncategorized

enfermo-dibujoTodos nos hemos enfermado alguna vez.  Nuestro cuerpo hospeda virus y bacterias, que poco a poco lo van debilitando.  Hay enfermedades breves y pasajeras.  Otras son más bien necias, majaderas, no salen si no es empleando fuertes dosis de medicamentos.  A veces nos botan, eliminan nuestras fuerzas y no nos permiten avanzar.  Algo así sucede también en la vida espiritual.

Lo que es un virus a nuestro cuerpo, es el pecado a nuestro corazón.  Hay virus que conviven con nosotros, no golpean tanto. Son como los pecados pequeños, las acciones cotidianas que sabemos no están bien, pero que pasan casi sin importancia.  El problema es cuando muchos de ellos se juntan, pues provocan caos.  Hay virus que mutan, hay pecados que evolucionan.  Poco a poco desgastan nuestra vida.10533_129244323322_88354868322_2459860_567855_n

Hay pecados que, por su magnitud, estancan nuestra existencia. Así como con las enfermedades. hemos de detenernos, lo querramos o no, para atacarlos.  Medicamentos, pastillas, antibióticos, una buena carga para contrarrestar el poder que tienen sobre nuestro cuerpo.  Sabemos que la tumba nos espera si no hacemos nada.

Para nosotros, los católicos, existe algo así como la medicina preventiva: le llamamos estado de gracia.  Es el esfuerzo por alejarnos del mal, apartarnos de las ocasiones que nos llevan al  pecado.  Pero cuando hemos caído también está la medicina directa: la confesión, o reconciliación.  Es acercarte al centro de salud para solicitar a un médico te evalúe y te dé las indicaciones para mejorar.  La sanación viene de Dios, el hospital sería la Iglesia y el doctor el sacerdote.  14708_confesion

Confesarse es como bañarse: limpia, purifica, renueva.  Verbalizar el pecado es como expulsar una flema.

Nadie puede evitar enfermarse.  Nadie puede evitar pecar.  Sin embargo, para ambas situaciones tenemos salida.  La clave estará en detectar a tiempo, evitar el progreso y cortar de raíz, las veces que sea necesario.  Un cuerpo enfermo nos dice “debes descansar”.  Un corazón enfermo por el pecado nos dice “debes cambiar de vida”.  Hagamos lo posible por mantenernos sanos, por dentro y por fuera.

Confesarse por internet…

Publicado: 8 de octubre de 2014 en Uncategorized

internet-of-things-graphic-story-topLa tecnología ha ingresado en nuestros hogares, en nuestros trabajos, en nuestra diversión, en nuestra familia y en nuestra fe… ¿Perdón? Sí, en nuestra fe. Encontramos portales que nos hablan de religión, páginas que nos invitan a creer en Dios, links que animan a conocer y potenciar nuestras creencias. Todo esto, válido para cristianos y demás gama de iglesias y denominaciones religiosas.

Entonces, como católico, no suena mal la idea de compartir mis debilidades con alguien empleando la tecnología. Con ello podría evitar la incomodidad de verme vulnerable ante otra persona. El ciberespacio podría ofrecerme la oportunidad de confesarme con un sacerdote a través del chat o de la videoconferencia. ¿Por qué no?confesic3b3n

Vamos despacio. Hay muchas cosas que es posible realizar por internet: pagar facturas, jugar, comprar, leer, etc. Sin embargo hay muchas cosas que no se pueden realizar en línea: dar un abrazo y alimentarse, por ejemplo… En este segundo renglón la presencia “virtual” jamás sustituye la presencia “real” de la persona. Aquí es donde entra nuestro sacramento.

Confesar los pecados es un acto de fe. Creo que Dios me da su perdón y que esto se manifiesta a través de un ministro. Compartir mi debilidad en intimidad con alguien más, es liberador. Y más aun lo es reencontrarme con Dios, con su misericordia y recobrar la paz que el pecado me ha robado. Esta experiencia es como el abrazo de los que se han reencontrado luego de mucho tiempo. Como el beso de dos enamorados que han permanecido distanciados.

tumblr_lpvrr5H1jo1qa1mmco1_500Pero, ¿será posible un beso de amor por internet? ¿será pleno un abrazo de perdón a través de una webcam? Suena difícil. Decirle a otro mis pecados online es posible. De hecho, por simpático que parezca, hay páginas en la web que se dedican a ello. Pero experimentar el gesto del perdón no es posible por medio virtual. Nada como estar frente a frente para confesar mi pequeñez y recibir el consuelo de parte de Dios. Las manos del sacerdote sobre la cabeza de quien pide perdón es un símbolo imposible de realizar online. Pierde su fuerza, como el beso por cam.

En fin. Internet sigue siendo una excelente herramienta que puede ayudarnos a facilitar muchos aspectos de la vida. Pero hay otros aspectos que son insustituibles. ¿Alguien quiere un abrazo virtual?42 diablo.internetJPG

LA CULPA

Publicado: 7 de abril de 2014 en Uncategorized

el-tropezonPartimos del hecho que todos hemos fallado: pecamos, tropezamos, tragamos el polvo en un aterrizaje de las alturas a las cuales nos elevó la tentación. Y luego viene la resaca moral, martillando y recordando el mal que hicimos: la vocecita que nos reprueba en el interior y nos ve con aire de superioridad diciéndonos algo así como “que bárbaro, hoy si la regaste”.  Insisto, todos hemos pasado por ahí.

Pero hay algo más: el pecado sucedió hace un buen tiempo, pero sigue como una constante ese dedo invisible señalándome, la vocecita interior repitiéndonos que somos basura y que taladra cualquier intento de reconstrucción espiritual.  Damas y caballeros, con ustedes la culpa. Es ella la responsable de recordarnos lo muy pecadores que somos y de hacernos creer incapaces de levantarnos.  Pero, ¿qué creen? La culpa no viene de Dios.  1205010410279249-jesus-cries

Así como lo lees.  No viene de Dios.  ¿Por qué? Porque el fin de la culpa no es ponerte de pie, sino que te quedes botado en el piso, llorando tu debilidad y pensando que eres indigno del perdón.  Te hace creer que Dios te da la espalda, que no mereces disculpa, que pronto vendrán las moscas para rondar tu cabeza. Es más, lmismas moscas se encuentran más limpias que tú.  ¿Lo peor de todo? Nos creemos el discurso de la culpa.  Double play del mal espíritu.

dead_flies_art_01Hay una posible solución: la responsabilidad.  Con ella eres capaz de reconocer humildemente tu pecado.  Ya sabes que no eres la mejor persona, que estás hecho de barro y que probablemente no será tu última caída.  Sin embargo, no puedes quedarte botado.  No tienes vocación de alfombra para permanecer pisoteado.  La responsabilidad te recuerda que eres hijo de Dios y que no hay pecado que sea más grande que su amor y perdón.   El Padre misericordioso nos da siempre una nueva oportunidad.  42 diablo.internetJPG

La culpa te hunde, te condena, te reserva cupo en la sala anterior al infierno.  La responsabilidad te levanta, no permite que tú mismo te condenes, te pone en camino.  La culpa viene del tentador, la responsabilidad viene de Dios.  Revisa esta última semana y piensa a cuál de las dos has escuchado.  Y decide a quién quieres de ahora en adelante escuchar.

Procesiones ¿sí o no?

Publicado: 4 de abril de 2014 en Uncategorized

379209_10152537029580597_1871734673_nEscribo esta publicación en mi blog pensando en Guatemala, mi tierra.  En ella, para muchos es impensable una semana santa sin procesiones.  Las hay desde las más sencillas ( en pequeñas aldeas) hasta las más imponentes (grandes andas e imágenes centenarias).  Todas pretenden, en principio, lo mismo: representar el paso de Cristo en distintas etapas de su vida, especialmente la pasión, muerte y resurrección.  3753198310_6640d2f0ef_z

Las procesiones reciben varias críticas.  Dentro y fuera de la Iglesia.  Es por ello que quisiera, con amor y seriedad, como guatemalteco y como sacerdote, compartir cómo podemos saber si esta tradición realmente ayuda a nuestra fe o pudiera ser un instrumento para nuestra propia tentación.  No escribo para juzgar a los demás, sino para que cada persona evalúe si lo que está haciendo le ayuda a ser mejor creyente, o no.

1. Las procesiones se vuelven un estorbo para la fe cuando te desconectan de Dios. Veinte preocupaciones rondan en la cabeza, excepto encontrarte con Jesús.  No hay oración ni devoción.  No hay contacto con Dios, ni escucha de su Palabra.

Procesión+Jesús+Nazareno+de+la+Merced+(La+Reseña)+102. Las procesiones son trampa del mal espíritu cuando te apartan del hermano.  Pienso en el que va muy devoto en el cortejo, pero es incapaz de dar o pedir perdón, el que permite crecer el rencor en su corazón.  Por fuera, parece católico. Por dentro, no lo es.

3. Las procesiones te hacen sentir creyente, pero vives apartado de la Iglesia.  Son personas que aparecen solamente en cuaresma.  Cristianos de temporada.  Turistas religiosos.  No asisten regularmente a misa usando pretextos para justificarse.  Esos se parecen a los que se acuerdan que tienen madre justamente en el día de la madre y la olvidan el resto del año. 23

Repito, estos tres puntos son apenas un espejo.  Si logras visualizarte en alguno de ellos, debes poner mucha atención. La conversión es una actitud en el alma del cristiano.  He de mejorar aquellas partes que están lejos de lo que Jesús pidió para nosotros.  Estamos en cuaresma, de eso se trata ¿no es cierto?

FE

Publicado: 14 de enero de 2014 en Uncategorized

3446732520_608c4f55d9Muchos decimos que tenemos fe y que creemos en Dios. Sin embargo pocas veces nos hemos detenido a pensar lo que esto significa y cómo debe tocar nuestras vidas el hecho de creer.

Lo que sí es la fe:

  • Conexión con Dios:  nos unimos a Él con nuestra vida.  La Biblia nos recuerda que hay que amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas (Mateo 22, 37)
  • Conexión con la vida: una fe alejada de nuestra realidad es mentira. Hay personas que van a la Iglesia pero no cumplen la voluntad de Dios.  La fe es un pretexto, un engaño.
  • Conexión con el prójimo:  Jesús mismo dice que hay que amar al prójimo como a uno mismo (Mateo 22, 39) y el apóstol Juan nos recordará que quien dice que ama a Dios y al mismo tiempo odia a su hermano es un mentiroso (1 Juan 4, 20)
  • Conexión con la comunidad:  muchos ven más fácil creer a su  manera, alejados de otros creyentes.  Sin embargo, pertenecer a la Iglesia y vivir la fe en comunidad es lo mismo que hacía Jesús con los doce y luego ellos con otros, hasta nuestros días.  Quien se aleja de la Iglesia pierde la oportunidad de vivir la fe en una familia.

Lo que no es la fe

  • No es solamente una tradición:  repetir actos y gestos no nos hace creyentes.  A veces los padres transmiten tradiciones sin explicar el sentido de las mismas.  Hay que “vivir” lo que celebramos, comprenderlo.
  • No es solamente reunión social:  me uno a este grupo para que me vean.  Voy a la Iglesia porque ahí van todos.  Asisto a misa solamente cuando hay bodas, bautizos y funerales. Me convierto en florero, que se coloca en los eventos y desaparece el resto del tiempo.
  • No es solamente para momentos de emergencia:  gente que se recuerda de Dios únicamente en los problemas.  Hombres y mujeres que acuden a la Iglesia solo para pedir un milagro.  Se parecen a aquellos que solamente llaman o visitan a su mamá en el día de las madres o cuando tienen dificultades.

En resumen, creer no es cosa fácil.  Pero tampoco es difícil, si tengo el deseo de permanecer “conectado” a Dios en todo momento de la vida.  Mi propio corazón sabrá qué hacer para ir acercándome a Él, a su Palabra y a mi prójimo.  Acudir a la Iglesia es solamente el primer paso.

ese adorno en la casa…

Publicado: 30 de diciembre de 2013 en Uncategorized

Un post escrito hace algún tiempo pero que vale la pena desempolvar

padrebryan

belen 2006Muchos hogares tienen un “portal”, un “nacimiento”, un “belencito”, representando la escena del nacimiento del Niño Dios. Es una bella tradición iniciada, según he escuchado, por san Francisco de Asís. Pocas personas saben el significado de la mayoría de las “piezas” de dicha escena…

EL NIÑO JESÚS: un anuncio de otras iglesias cristianas anunciaban que “Navidad sin Jesús es vanidad”. Nada más cierto. La imagen del Niño Jesús nos recuerda a Dios hecho hombre. Pero no cualquier hombre, sino pequeño, débil, vulnerable. El Dios que pone su morada no entre lo mas “high” de la sociedad, sino en un pesebre, en la sencillez.Lubre

MARÍA: la mujer que cree. La mujer que confía. La sierva. Olvidémonos de la mujer sentada en el trono, con corona de oro y ropas finísimas. Pensemos en la mujer embarazada que sale (según el mismo Evangelio) a toda prisa para servir a los demás, en este…

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¿navidad o vanidad?

Publicado: 22 de noviembre de 2013 en Uncategorized

navidades_divertidas_9Hace un tiempo leí que navidad sin Cristo es vanidad.  Me pareció interesante.

Veo almacenes desde octubre decorados e iluminados, pancartas y medios anunciando ofertas.  Aguinaldos que no se han pagado y ya han sido gastados con anticipación. Duplicados los estantes de los licores. Algo no anda bien.

No me preocupan los mall.  No voy a gastar energías atacando el consumismo.  No quisiera señalar, ni condenar, ni juzgar.  cultura-christmas-small-12424

Solamente quisiera llamar la atención de aquellos que creamos que valga la pena recordar que el centro de la navidad es un niño.  Alguien grande que se hace pequeño, para que nosotros nos hagamos grandes. Alguien que se da, se entrega, se dona, para darnos felicidad.

ecografia-jesusEl regalo más grande no vendrá envuelto en finos papeles, en esta navidad.  El regalo más grande puede ser la actitud con que vivas -y hagas vivir- la fiesta del nacimiento del “Dios con nosotros”.  Dar esperanza, entregar alegría, donar bendición.

Decidamos.