DESEMPENDEJÉMONOS

Publicado: 30 de junio de 2011 en un poco de fe

En el diccionario de la lengua española aparece la palabra pendejo. Cobarde, pusilánime, tonto y estúpido son palabras que intentan expresar su significado. No es momento de buscar heroísmos de primera plana, ni de dar promesas imposibles de realizar, como bien hacen muchos de nuestros políticos. Sí es momento de desempolvar nuestras convicciones. Ver que están cubiertas de telas de araña como la indiferencia, el olvido y el me-vale-madre, si se me permite la expresión.

Estamos revestidos de cobardía cuando dejamos que sean otros los que cambien el país. ¿Quién dijo que el mundo no se puede cambiar, si lo están cambiando los terroristas? se preguntaba José Luis Cortés. Lo mismo sucede con nuestra fe. Probemos: ¿hace cuanto no te preguntas si lo que crees debe dársele al menos una revisadita?

Ciertamente es más fácil abrir la boca y alimentarnos de lo que nos dan, pero ¿qué tal si vemos cada uno de los ingredientes? ¿Qué tal si revisamos si algunos ya cumplen fecha de caducidad? Nuestros sistemas operativos se revisan constantemente, igual nuestros vehículos y hasta nuestro modo de vestir se adecúa a cada momento. Pero nuestra fe pasa sin actualización, Dios quiera me equivoque.

Pusilánime: falto de ánimo y valor para tolerar las desgracias o para intentar cosas grandes. ¿Me huele algo al último capítulo de tristeza en mi vida? Los grandes ideales parecen enterrados en décadas pasadas. Con tener pan, blackberry y twitter puedo sentirme feliz. A veces puedo negociar el pan. Pero hay tanta necesidad alrededor, tanta muerte, tanta guerra, tanta violencia, que puedo decir con seguridad que nos hemos empendejado. La cobardía se disfraza de individualismo. Algo anda mal.

Mientras nos conformemos con el mínimo, seguiremos empendejados. Mientras nuestro compromiso con Dios sea una hora de banca en una celebración religiosa, no veo futuro posible. Mientras permanezcamos indiferentes y siga la gente pudriéndose –literalmente- en los hospitales públicos esperando atención que nunca llega, el Reino no puede avanzar.

Conozco uno que supo ayuda con lo poco que tenía. Alguna vez su ayuda era dar perdón. En otro momento daba sanación. A otros más les ayudó a luchar contra sus propios demonios. Ciertamente no tenemos las habilidades milagrosas del nazareno, pero si ponemos nuestros cinco panes y dos peces al servicio, creo que Él puede seguir su obra en medio de nosotros. El mundo está en nuestras manos. Sirvamos. Desempendejémonos, por favor.

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