La Medalla de la Virgen Sudamericana

Publicado: 28 de junio de 2011 en Uncategorized

A los cuarenta días de nacida mi madre recibió su primer regalo. Era una medalla de oro, con la imagen de la Virgen María y el Niño Jesús pintada a mano. Mi abuela se la había comprado y mandó a grabar dos iniciales en la parte posterior, GA, que corresponden al nombre de la niña recién nacida.  Quien se la vendió le dijo que era una Virgen de origen sudamericano.  La medalla fue guardada con devoción y cariño.

Muchos años después, mi madre contrajo matrimonio. De esa unión nacimos tres hermanos. Cada uno ha hecho su vida y yo decidí ingresar al Seminario. Ahí conocí a la Virgen del Perpetuo Socorro, que el Papa Pío IX había encargado a los redentoristas para “darla a conocer por el mundo entero”.  Esta labor la han realizado con generosidad. Cada misión predicada tiene un momento especial en el que se comparte el perpetuo socorro de María y muchas veces la imagen queda como recuerdo en los lugares misionados.

Al regresar de mis vacaciones del seminario, compartí muchas cosas con mi familia. Les hablé de mis compañeros de estudio, los sacerdotes que nos acompañaban y de las muchas aventuras –buenas y malas, memorables todas- que había vivido. Pero no se me ocurrió compartirles acerca del Icono misionero. Fue el P. Manuel Cruz Meza, redentorista, quien le dio a mi madre una imagen de la Virgen del Perpetuo Socorro.  La sorpresa fue cuando reconoció en ella a la “Virgen sudamericana” que tenía en la medallita regalada por la abuela. Nadie se esperaba que nos acompañara en la familia desde hacía tanto tiempo.

Poco antes de morir, mi madre me llamó. Puso en mis manos la cadena con la medalla de la Virgen del Perpetuo Socorro.  Las iniciales de su nombre, grabadas en la parte posterior, coinciden con las iniciales de mi segundo nombre y de mi apellido. La medalla colgó en mi pecho para su funeral y entierro. Sentí la compañía de la Madre del Cielo ayudándome a despedir a la madre de la tierra. Una medalla encerrando tanto simbolismo en su imagen, en las iniciales, en los detalles del Dios que no deja de sorprender.

Fui trasladado a otro país. Y luego a otro más.  Entre ambos viajes extravié la medalla, junto con dos objetos de preciado valor afectivo.  Hice mi mejor esfuerzo por contenerme, por no enojarme conmigo mismo por desordenado, por guardar tan bien las cosas hasta perderlas. En las prédicas del día de la Madre del Perpetuo Socorro conté la historia de la cadena y el desenlace triste. Aproximadamente dos años después, en el lugar menos imaginado, apareció la bolsita que tenía la cadena con la medalla de la Virgen. Faltaban pocos días para un evento especial, que me marcaría la vida. El día de mi ordenación sacerdotal, en el pecho, portaba la imagen del Perpetuo Socorro.  En la novena a la madre misionera, este año, pude mostrar con gran alegría, el recuerdo de mi madre de la tierra y de mi Madre del Cielo.

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comentarios
  1. Yan Arriola dice:

    La Virgen del Chinquinquirá!!! Porque vos no elegiste ser Sacerdote, Dios te eligió a vos desde antes de haber nacido!!!

  2. Manuel Cruz dice:

    Qué historia!!! Dios tiene unas “salidas”, que solo a El se le ocurren… tu mamá, tu vocación, tu vida… una sola historia. La del amor de Dios, que es la pura madre.

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